jueves, 7 de septiembre de 2017

Mis manos miman las palomas.


Mis manos miman las palomas de tu memoria mientras carnívoras mariposas devoran las caricias que arrebato al aire. Las mismas manos de mármol inmóvil  con que me amó la venus de Milo apuñalan inmisericordes los suspiros dormidos a la sombra de vencimientos y derrotas de amantes exhaustos de recuerdos. Amo tu mano de horizonte quebrado y ahuyento las hienas onanistas que entonan a capella un dulce motete entre las retorcidas raíces de las clepsidras lacrimosas de los ruiseñores que sacrificaron sus ojos por verte. Se extingue el tiempo. Se deshacen en dedos de aire tus manos mientras las saetas de aquel reloj que nos amó se clavan en mis palmas y me crucifican exangüe en una lejana playa de imposible acceso.Amén.


jueves, 15 de junio de 2017

Jubilación. I




Tizas y tachones
de tinta china en las mangas de ayer
y las yemas de los hoy ajados dedos
que sobre las teclas silenciosas
del recuerdo de la señorita Olivetti
que perturba el sueño de la memoria
jalonada de tippex amarillento,
me siguen guiñando el ojo
tristes hojas de papel reciclado
en la pantalla de insultante albedo.

En relieve Dymo, blanco sobre negro,
reza una carpeta: “ curso 1973”
Y esconde repetidos esqueletos
de sonrojadas ciclostiles
que interrogan ya imposibles ecuaciones.

Don Mendo persiste en sus vuelos
de hombre bala sin calcular ya
velocidades iniciales ni trayectorias suicidas
de aquella física práctica.

La ciencia de las letras
y el alma de los logaritmos
fundí en torpes versos vitales
cual torpe Don Mendo
para terminar analizando sintagmas
de mis viejos fantasmas subordinados
en el desván de los desamores.

La vida del poeta es un oxímoron;
la mía, ave nefelibata,
pleonasmo es del alma.


















viernes, 2 de junio de 2017

Paisajes.



Desojados* mis paisajes sin pupilas ni sombras
lloran nieblas de glauco esfumino.

Bajo la grave huella del tiempo
agoniza un reseco  recuerdo
de lo que fuimos.

Sé que un día pensaste en mí
y la brisa te  trajo, leve, sutil, exangüe,
hasta mi  mejilla, que ya ni te añora.

Me consuela que otro día,
cuando me muera,
una lágrima,  quizás furtiva,
una tarde de isla lejana,
sin saber ni por qué,
se derrame por tu memoria
sin noticias  de una existencia antigua.

Entonces sabré que ya no importa el tiempo,
que la historia se graba con fuego
en los glaciares azules del pecho
y somos un gran silencio...

...eterno.

*Deshojados, sin hojas. Desojados, sin ojos.